"ENTRE CHILAQUILES Y VOLARDOS: INCLUSIÓN Y MOVILIDAD EN PUEBLA"
- By: Inclusión
Por Alberto Ruiz de la Peña, director Inclusion
Con aroma a café y chilaquiles poblanos, arrancamos el 2026 en un desayuno que, más allá del sazón, nos ofrece una oportunidad valiosa para conversar sobre discapacidad, territorio, movilidad y comunidad. En esta edición, tuvimos el gusto de dialogar con Omar Martínez, activista, asesor legislativo, bibliotecario universitario y miembro de la asociación Por Amor a Puebla.
Acompañado por Tere, activista del estado de Hidalgo, y por Guille Ramírez, compañera también del colectivo en Puebla, Omar nos regaló un recorrido íntimo por su trayectoria y su ciudad. Desde su experiencia como persona con discapacidad visual, nos cuenta cómo vive y enfrenta día a día una ciudad que lo acoge… y también lo reta.
Una historia con raíz comunitaria
Omar recuerda con claridad el inicio de su activismo: junio de 2003. Aunque ya colaboraba en comunidades desde 2001, ese año marcó un hito en su compromiso con los derechos de las personas con discapacidad. "Fue en Santiago Xalitzintla, a los pies del Popocatépetl, donde comencé a enseñar braille a personas con discapacidad visual", nos cuenta. La imagen es potente: un joven que, habiendo perdido la vista a los 14 años, decide compartir su experiencia y abrir caminos a otros.
Desde entonces, su recorrido ha estado tejido con participación social, música, deporte, estudios en relaciones internacionales, y un profundo sentido de comunidad.
Puebla: ¿ciudad anfitriona o carrera de obstáculos?
Cuando se le pregunta si se siente dueño de su ciudad, Omar responde con honestidad: "Ambas cosas. Amo Puebla y me muevo en ella, pero también la sufro". Su respuesta revela la ambigüedad de muchas ciudades mexicanas: acogedoras en cultura y calidez humana, pero hostiles en infraestructura y planificación urbana.
Puebla tiene, dice Omar, una nomenclatura que facilita la orientación, pero enfrenta enormes desafíos en accesibilidad. Volardos (esos postes metálicos que parecen diseñados para detener autos, pero que se convierten en trampas para personas con discapacidad visual), banquetas invadidas por comercios, falta de cultura vial y transporte público poco accesible, son solo algunos de los retos cotidianos.
"Me he abierto la cabeza más de una vez. He estado a punto de romperme la columna", narra. Y lo hace sin dramatismo, pero con una claridad que interpela.
Más allá de la discapacidad
Guille Ramírez complementa la mirada de Omar. Ella se desplaza con muletas y señala que la movilidad en Puebla no solo es difícil para las personas con discapacidad, sino también para personas mayores, o para quienes viven en barrios históricos con calles empedradas. "No es que la ciudad no quiera incluir, es que nunca se pensó para todas las personas", reflexiona.
Sus palabras tocan un punto central: no se trata solo de accesibilidad para unos cuantos, sino de construir entornos urbanos con justicia espacial para todas las personas.