DISCAPACIDAD E INTERSECCIONALIDAD: SER "EL OTRO" ENTRE LOS OTROS
- By: Inclusión
Identidades que se cruzan, barreras que se multiplican
Por Redacción
La identidad no ocurre en el vacío. En México, ser persona con discapacidad implica habitar una serie de barreras físicas, culturales y sociales. Pero ¿qué pasa cuando a esa identidad se suman otras que también han sido históricamente marginadas? Ser mujer, indígena, pobre o parte de la comunidad LGBTQ+ multiplica no solo las vivencias, sino también las exclusiones.
Este fenómeno tiene nombre: interseccionalidad. Es una herramienta analítica y política que nos permite entender cómo las distintas formas de discriminación no actúan de manera aislada, sino que se entrecruzan y profundizan.
Entre la invisibilidad y la hipervisibilidad
Una mujer indígena con discapacidad no vive la misma experiencia que un hombre urbano sin discapacidad. Las políticas públicas suelen partir de una idea homogénea del "sujeto con discapacidad", ignorando las particularidades que configuran su realidad.
Quienes viven estas identidades cruzadas a menudo se enfrentan a una doble o triple discriminación: por ejemplo, la mujer con discapacidad que sufre violencia de género pero no encuentra albergues accesibles, o la persona trans con discapacidad que no accede a servicios de salud ni a documentos de identidad acordes a su expresión de género.
Testimonios de resistencia
"Cuando llego a una comunidad y digo que soy terapeuta, algunos no me creen por ser mujer y por usar silla de ruedas", relata Andrea, activista mixe en Oaxaca. Su testimonio refleja cómo los prejuicios no se suman simplemente: se transforman en nuevas formas de exclusión.
Y sin embargo, también emergen formas de resistencia únicas. La interseccionalidad no es solo una suma de desventajas, sino también un terreno fértil para la construcción de redes de apoyo, de lenguajes propios, de luchas compartidas que cuestionan los sistemas que excluyen.
Políticas que no alcanzan
El Estado mexicano ha avanzado en el reconocimiento de derechos para las personas con discapacidad, pero muchas veces desde una mirada parcial, sin incorporar las voces de quienes también viven otras formas de desigualdad. Las leyes y programas que no reconocen la diversidad dentro de la diversidad terminan perpetuando exclusiones.
Necesitamos políticas públicas con enfoque interseccional, diseñadas desde abajo, escuchando a quienes viven en los márgenes de los márgenes. Porque cuando una persona con discapacidad indígena o trans queda fuera, el modelo no es inclusivo: es selectivo.
Nombrar para transformar
Hablar de interseccionalidad es nombrar lo que incomoda: que no todas las personas con discapacidad son iguales, ni viven igual. Y que esa diferencia importa. Importa para diseñar mejores políticas, para construir solidaridad entre luchas, y sobre todo, para reconocer que los derechos humanos deben proteger a todas las personas, en toda su complejidad.
Solo así dejaremos de ser “el otro” entre los otros.