COLISEO CIUDADANO: EL BIEN, EL MAL Y LOS AJUSTES RAZONABLES
- By: Inclusión
Por Alberto Ruiz de la Peña
En el corazón de la capital mexicana, entre las luces vibrantes y las ovaciones del público, el Coliseo de la Ciudad de México sigue siendo un templo vivo de la lucha libre. Pero mientras las máscaras vuelan y los cuerpos se entrelazan en duelos simbólicos entre el bien y el mal, otra lucha se libra entre bambalinas: la del acceso, la inclusión y el derecho a disfrutar de esta experiencia cultural sin barreras.
Declarada patrimonio cultural intangible de la Ciudad de México en 2018, la lucha libre es mucho más que un espectáculo deportivo. Es rito, historia viva, identidad popular y narrativa colectiva. Sus personajes encarnan ideales arquetípicos de justicia, resistencia y comunidad. Y precisamente por su poder simbólico y social, este espacio patrimonial debería también ser un emblema de accesibilidad universal.
Sin embargo, el Coliseo, como muchas edificaciones históricas, aún no refleja las transformaciones sociales ni las obligaciones legales en materia de derechos para las personas con discapacidad. La Ley de Accesibilidad para la Ciudad de México es clara: todos los espacios públicos deben garantizar accesibilidad, mediante ajustes razonables, diseño universal y progresividad en las adaptaciones. Además, el Manual de Normas Técnicas de Accesibilidad establece criterios arquitectónicos específicos para asegurar la movilidad autónoma, cómoda y segura en instalaciones de uso público.
Hoy, pensar en adaptar el Coliseo no es una amenaza al patrimonio, sino una oportunidad: integrar el valor tangible del edificio con el intangible de la cultura de lucha. Porque el patrimonio no solo se conserva, también se transforma para seguir siendo relevante. Un coliseo accesible permitiría que personas con discapacidad no solo sean público, sino también protagonistas, luchadoras, narradoras o gestoras de un espectáculo que también les pertenece.
En esta arena simbólica donde el bien combate al mal, la accesibilidad es un acto de justicia. Incorporar rampas, señalética táctil, intérpretes de lengua de señas o plataformas para sillas de ruedas no son concesiones: son los nuevos movimientos del bien en esta lucha contemporánea.