NO SOMOS "VULNERABLES", SOMOS PERSONAS
- By: Inclusión
Por Alberto Ruiz De la Peña Z.
En México, casi todos los congresos estatales cuentan con una comisión que, en teoría, aborda los derechos de las Personas con Discapacidad (PcD). Sin embargo, la mayoría las esconde bajo rótulos genéricos como “Grupos Vulnerables”. Ese tecnicismo, más que semántico, encierra un problema de fondo: la dilución de una agenda de justicia en estructuras asistencialistas.
Mientras la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) exige un enfoque claro y autónomo, la discapacidad se sigue tratando como una nota al pie en una lista de poblaciones “frágiles”. No es casual: desde la forma en que se nombra la comisión, se anticipa el tipo de políticas que surgirán (o no) desde ahí.
Nombrar con precisión no es un capricho, es un acto político. Significa reconocer a las personas con discapacidad no como víctimas pasivas sino como sujetas de derechos, capaces de exigir ajustes razonables, accesibilidad, participación política y vida independiente. En cambio, los “grupos vulnerables” se entienden como objetos de protección, no como actores de cambio.
Lo que no se ve, no se legisla
La falta de nombramiento explícito esconde lo que incomoda: lo que no se ve, lo que no se oye, lo que no camina como otros caminan… Pero no es la discapacidad lo que debe ocultarse, sino la indiferencia institucional que perpetúa barreras.
La verdadera discapacidad no está en el cuerpo, sino en la omisión del Estado.
Es tiempo de que las legislaturas estatales y el Congreso de la Unión asuman su responsabilidad. Modificar los nombres de sus comisiones no es un simple gesto simbólico: es el primer paso hacia un cambio estructural. Y es también una deuda histórica con millones de mexicanas y mexicanos.
Llamado a la acción: lo que deben cambiar los congresos
Nombrar con claridad: Todas las leyes orgánicas deberían reconocer expresamente a las Personas con Discapacidad. Frases como “Grupos Vulnerables” ya no alcanzan.
Dotar de facultades claras: Cada comisión debe tener atribuciones específicas y técnicas sobre discapacidad: desde accesibilidad y ajustes razonables hasta participación política y justicia.
Fortalecer con estructura y recursos: Las subcomisiones de discapacidad no deben ser optativas ni efímeras. Requieren personal técnico permanente, formación en el modelo social y reglas claras.
Y también un llamado a quienes integran el colectivo
No basta con exigir desde afuera. La transformación real exige participación activa: nombrarnos como lo que somos —personas con derechos— y no como destinatarios de caridad. Reivindicar nuestra voz, ocupar los espacios, incidir en el diseño institucional.
Porque cuando la discapacidad no tiene nombre, tampoco tiene lugar en el orden del día. Y eso no lo podemos permitir.